


El Papa Francisco advierte sobre la salud de la democracia y la exclusión social

Francisco enfatizó que la participación no debe ser improvisada, sino cultivada con sentido crítico frente a las tentaciones ideológicas y populistas que pueden desviarla de su propósito genuino. Subrayó que la exclusión de cualquier individuo impacta negativamente en toda la sociedad, comparándola con un "infarto" del corazón social.
La crítica del Papa se extendió a lo que denominó "cultura del descarte", donde los más vulnerables, como los pobres, los recién nacidos, los enfermos y otros grupos frágiles, son sistemáticamente excluidos. Esta visión, según él, perpetúa un poder autorreferencial que no escucha ni sirve a las personas, fomentando la indiferencia y erosionando los cimientos de la democracia.
Asimismo, Francisco advirtió sobre el peligro del asistencialismo superficial, que considera contrario al verdadero amor al prójimo y una forma de hipocresía social. En lugar de ello, llamó a la construcción de una comunidad inclusiva donde cada individuo se sienta valorado y parte integral de un proyecto colectivo.


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