Actualidad Redacción I24 29 de agosto de 2026

Nació sin parte de un brazo, creó su primera prótesis con LEGO a los 9 años y logró un récord Guinness


Lo que comenzó como un juego y una forma de refugiarse del bullying durante su infancia terminó convirtiéndose en una historia de superación, innovación y solidaridad. David Aguilar, un joven nacido en Andorra con síndrome de Poland, construyó su primera prótesis con piezas de LEGO cuando tenía apenas 9 años y, años más tarde, logró desarrollar un brazo mecánico funcional que le permitió ingresar al Guinness World Records.

Aguilar nació con una condición congénita que impidió el desarrollo completo de parte de su antebrazo y de su músculo pectoral. Durante su niñez, las burlas por su aspecto lo llevaron a encontrar en los tradicionales bloques de construcción un espacio para desarrollar su creatividad. A los 5 años recibió su primer juego de LEGO y descubrió un mundo en el que, según recordó tiempo después, la imaginación era prácticamente el único límite.

A los 9 años, una de sus creaciones marcó un antes y un después. Al apoyar una estructura construida con piezas de un barco sobre su brazo, descubrió que podía utilizarla como una rudimentaria prótesis. Aunque aquel primer modelo no era resistente ni completamente funcional, le permitió comprobar que su idea podía convertirse en realidad y ganar confianza para enfrentar las dificultades que atravesaba.

El gran salto llegó en 2017, cuando tenía 18 años. Utilizando piezas de un helicóptero LEGO Technic, desarrolló el modelo MK-I, una prótesis con una articulación móvil en el codo y una pinza que se activaba mediante los movimientos del brazo. El invento le permitía agarrar objetos, realizar tareas cotidianas e incluso soportar su propio peso durante ejercicios físicos.

Ese mismo año, su creación fue reconocida por Guinness World Records como la primera prótesis de brazo funcional fabricada con piezas de LEGO. Lejos de conformarse, David continuó perfeccionando sus diseños y desarrolló distintos modelos, entre ellos el MK-V, equipado con dedos móviles, sensores, motores y un sistema de poleas que permite controlar sus movimientos.

Su experiencia personal también lo llevó a estudiar Bioingeniería y a utilizar sus conocimientos para ayudar a otras personas. Aguilar comenzó a trabajar en el desarrollo de prótesis funcionales y de bajo costo, demostrando que la tecnología y la creatividad pueden convertirse en herramientas de inclusión. Entre sus proyectos, fabricó brazos para un niño de ocho años utilizando piezas cuyo costo fue de apenas 15 euros.