Encontraron un enorme diente del megalodón, el tiburón más grande que existió
Un padre y su hijo realizaron un sorprendente hallazgo mientras caminaban por una playa de Nueva Jersey, en Estados Unidos: encontraron un enorme diente fósil que perteneció al megalodón, considerado el tiburón más grande que haya habitado los océanos.
El descubrimiento permitió volver a dimensionar las características de este gigantesco depredador prehistórico, que desapareció hace más de tres millones de años. El megalodón podía alcanzar dimensiones extraordinarias y se estima que llegó a medir alrededor de 18 metros de largo y pesar unas 50 toneladas, aunque investigaciones más recientes plantean que algunos ejemplares podrían haber sido incluso mayores.
Los dientes son uno de los principales registros fósiles que permiten estudiar a esta especie, ya que los esqueletos de los tiburones están formados principalmente por cartílago y no suelen conservarse. El megalodón, además, renovaba constantemente sus piezas dentales, por lo que se han encontrado numerosos dientes en distintas partes del mundo.
Un depredador gigantesco
El megalodón, cuyo nombre significa “diente grande”, vivió aproximadamente entre 23 y 3,6 millones de años atrás. Dominó los océanos y se alimentaba de grandes animales marinos, entre ellos ballenas, delfines y otros mamíferos marinos.
Sus enormes mandíbulas estaban repletas de dientes capaces de alcanzar el tamaño de una mano humana adulta. Su poderosa mordida le permitía atacar presas de grandes dimensiones y lo convirtió en uno de los principales depredadores de los mares prehistóricos.
Los dientes también cuentan la historia del océano
Más allá del impacto visual del descubrimiento, los fósiles tienen un enorme valor científico. Investigadores de la NOAA encontraron recientemente varios dientes de posible megalodón durante una expedición en las Islas Cook, en el Pacífico. Algunos superaban los siete centímetros y el mayor alcanzó aproximadamente los 13 centímetros.
Los científicos también estudian los elementos químicos que quedan atrapados en estos fósiles, ya que pueden aportar información sobre las condiciones y los movimientos de los océanos de hace millones de años.
Así, cada diente encontrado no solo permite conocer mejor al gigantesco depredador que alguna vez dominó los mares, sino que también funciona como una pequeña ventana hacia un océano completamente diferente al actual.