


Familia en cautiverio en Esquel: años de encierro y el desgarrador relato de los vecinos
25 de octubre de 2026
SSEsta semana se conoció un caso que conmocionó a la ciudad de Esquel: la detención de Miguel Edgardo Battista, un bioquímico de 71 años acusado de mantener cautiva a su esposa y a sus tres hijos dentro de su vivienda durante aproximadamente cuatro años.
La intervención policial fue originada a partir de las alertas y la posterior denuncia formal de los propios vecinos del pasaje, donde quedó al descubierto un escenario de aislamiento extremo, severa acumulación de residuos y secuelas psicológicas en las víctimas.
Los vecinos cuentan que casi nunca veían salir a la familia, que la mujer solía mirar hacia el horizonte desde una ventana y que escuchaban gritos durante la noche. “Tenían actitudes que te llamaban la atención”, dijo una vecina. Detrás de una ventana se veía un árbol de Navidad, en pleno octubre. Las cortinas estaban cerradas, con papeles y placas que cubrían parte de las aberturas.
Afuera había bolsas de basura y objetos acumulados. En el frente, el pasto estaba muy crecido; las cajas y otras cosas tiradas completaban la imagen de una casa que parecía detenida en el tiempo. En el fondo la situación era peor.

Los vecinos contaron que, con el tiempo, empezaron a notar que el hombre era el único que salía, los chicos casi no aparecían y la mujer solo se dejaba ver desde la ventana. También había gritos de ella, que los vecinos describen como “incoherentes”
Al principio, los chicos se movían por el patio del frente. A veces los saludaba cuando los veía, pero no obtenía respuesta. “Vos los saludabas a los nenes, pero ellos no te saludaban. Yo pensé que tenían algún tipo de retraso madurativo. Cuando los saludabas no te decían nada, se iban para adentro y después salía el hombre”, manifestó una vecina.
Con el tiempo, la presencia de los menores en el patio se volvió menos frecuente. Después, directamente dejaron de verlos afuera. La vecina contó que muchas veces pensaba que la familia no estaba en la casa.
“La mujer siempre estaba con un turbante en la cabeza y se ponía en la ventana a mirar a la nada, al horizonte. Vos la saludabas y no te hacía ni gestos”,describió un vecino.

Las sospechas no surgieron de un solo episodio, sino de una sucesión de situaciones que los vecinos comentaban entre ellos. La falta de salidas, los chicos que casi nunca se veían y los gritos durante la noche fueron parte de esas conversaciones.
La denuncia dio origen a la investigación, que terminó con la intervención policial en la casa y la detención de Battista. Ahora, la Justicia deberá determinar qué ocurría puertas adentro y establecer las circunstancias en las que vivían la mujer y los tres chicos.


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