“La pregunta no es qué va a pasar, sino qué vamos a hacer”: una socióloga propone recuperar la esperanza frente a la crisis actual

Actualidad03 de septiembre de 2026 Redacción I24

El mundo atraviesa un escenario marcado por el cambio climático, la polarización, la desinformación, el aislamiento social y la pérdida de confianza en las instituciones. Frente a este panorama, la socióloga y politóloga española Cristina Monge plantea que la salida no pasa por resignarse al pesimismo, sino por recuperar la esperanza y la capacidad de construir alternativas colectivas.

Especialista en movimientos sociales y transición ecológica, Monge publicó este año el ensayo Contra el descontento, en el que analiza las causas del malestar social y propone herramientas para enfrentarlo. En una entrevista con BBC Mundo, sostuvo que buena parte del descontento actual comenzó a gestarse con la hiperglobalización, cuando las decisiones económicas y políticas comenzaron a tomarse cada vez más lejos de los ciudadanos.

Según su análisis, la crisis financiera de 2008 profundizó esa ruptura al generar una fuerte pérdida de confianza en las instituciones. A esto se sumaron desafíos como la emergencia climática, los movimientos migratorios y la revolución tecnológica, frente a los cuales amplios sectores de la sociedad sienten que no existen respuestas claras.

Monge advierte además sobre el crecimiento de discursos políticos que capitalizan esa frustración. A su entender, la desafección que anteriormente era canalizada por movimientos que buscaban mejorar la democracia hoy también es aprovechada por sectores de ultraderecha que cuestionan al sistema en su conjunto.

Frente a ese escenario, la especialista cuestiona el llamado “TINA” —“there is no alternative”, no hay alternativa—, una idea que, según sostiene, reduce la capacidad de la política para imaginar otros caminos. Para Monge, tanto la crisis climática como la inteligencia artificial pueden conducir a escenarios negativos o convertirse en oportunidades para construir sociedades más democráticas y menos desiguales, dependiendo de cómo sean gestionadas y reguladas.

La socióloga también destaca que ya existen respuestas ciudadanas en distintos lugares del mundo. Menciona, entre otros ejemplos, a familias que reclaman restricciones al uso de celulares en las escuelas, movimientos que cuestionan la instalación de centros de datos vinculados a la inteligencia artificial y comunidades que impulsan modelos de producción energética más descentralizados.

En ese sentido, considera que “en distintas partes del mundo ya está en marcha un movimiento de reacción a la distopía del presente”. Para que esas iniciativas logren generar cambios, sostiene que es necesario recuperar las estructuras de intermediación entre la ciudadanía y las instituciones, incluyendo asociaciones vecinales, organizaciones sociales, medios de comunicación, partidos políticos y comunidades científicas.

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