El volcán de la Antártida que expulsa polvo de oro a la atmósfera

Actualidad14 de agosto de 2026 I24

El monte Erebus, uno de los volcanes activos más australes del planeta, libera diariamente partículas microscópicas de oro junto con sus gases volcánicos. El fenómeno sorprende a la comunidad científica y convierte al volcán antártico en un caso único.

En uno de los lugares más extremos y remotos del planeta ocurre un fenómeno tan llamativo como inesperado: un volcán ubicado en la Antártida expulsa pequeñas partículas de oro hacia la atmósfera.

Se trata del monte Erebus, situado en la isla de Ross, uno de los volcanes activos más australes de la Tierra. Con una altura de aproximadamente 3.794 metros, permanece activo y libera de manera constante gases y materiales provenientes de las profundidades del planeta.

Según los datos difundidos por Clarín, los científicos estiman que el Erebus libera alrededor de 80 gramos de polvo de oro microscópico por día. Las partículas son extremadamente pequeñas y se encuentran mezcladas con los gases que el volcán emite hacia la atmósfera.

El fenómeno se relaciona con la particular composición de los gases volcánicos. El oro se encuentra en el interior de la Tierra y, en determinadas condiciones, puede ser transportado hacia la superficie por los fluidos y gases calientes asociados a la actividad volcánica.

En el caso del Erebus, las partículas de oro son tan diminutas que no forman depósitos visibles ni representan una fuente de extracción económicamente aprovechable. Su importancia radica principalmente en el interés científico que genera comprender cómo los volcanes transportan elementos químicos desde las profundidades terrestres hacia la superficie.

El monte Erebus se encuentra en la isla de Ross, en un entorno dominado por hielo, temperaturas extremas y condiciones meteorológicas adversas. A pesar de ello, mantiene una actividad volcánica permanente que permite a los investigadores estudiar procesos que ocurren en el interior de la Tierra.

La presencia de oro en sus emisiones convierte al volcán antártico en un fenómeno particularmente llamativo: mientras el paisaje que lo rodea permanece cubierto de hielo, desde sus profundidades se liberan diariamente pequeñas cantidades de uno de los metales más valiosos del mundo.

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