
Bolivia puso fin el lunes al tipo de cambio fijo de su moneda que estuvo vigente en los últimos 15 años y aplicará a partir de ahora un sistema flotante en el que precio del dólar dependerá de la oferta y la demanda.
Con esta medida el gobierno del centroderechista Rodrigo Paz busca afrontar la crisis económica más fuerte en cuatro décadas y la escasez de la divisa estadounidense que el Estado utiliza, entre otras cosas, para importar combustibles.
En su primer día en vigor el mercado cambiario estaba en calma y el dólar cotizaba en el mercado informal con ligeras fluctuaciones respecto de la semana pasada, constató The Associated Press en distintas casas de cambio.

Con la nueva medida el Ministerio de Economía y el Banco Central (BC) buscan “fortalecer la estabilidad macroeconómica, preservar la competitividad externa y contribuir al equilibrio de la balanza de pagos”, según el gobierno.
El nuevo tipo de cambio no resolverá la crisis, pero puede ayudar al equilibrio macroeconómico si viene acompañado de “una política integral de reactivación económica”, dijo el presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Eduardo Olivo.
También ayudará a “sincerar” la economía, porque "formaliza una realidad que el mercado ya vivía”, publicó en su cuenta de X Jean Pierre Antelo, presidente de la Cámara de Industria y Comercio. “El verdadero desafío es construir un sistema de cambio creíble y transparente que genere certidumbre”, opinó el profesor de Economía, Gonzalo Chávez.





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