Preocupación en Chubut: la mortandad de ballenas francas podría superar el récord histórico
La temporada 2026 registra una cantidad inusual de ejemplares muertos en las costas de Península Valdés y Puerto Madryn. Mientras inicialmente los casos afectaban principalmente a las crías, en los últimos días también aparecieron juveniles y adultos. Los científicos investigan las posibles causas y advierten que la cifra final todavía no está definida.
La costa de Chubut atraviesa una temporada preocupante por la mortandad de ballenas francas australes. Los registros preliminares indican que la cantidad de crías muertas podría superar el récord documentado en 2012, cuando se contabilizaron 113 ejemplares sin vida. A esta situación se sumaron, durante los últimos días, nuevos hallazgos de ballenas juveniles y adultas en distintos sectores de Puerto Madryn.
De acuerdo con especialistas del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), el fenómeno presenta características atípicas y mantiene en alerta a los equipos científicos que trabajan en el monitoreo sanitario de la especie.
El biólogo Mariano Coscarella, investigador del Conicet en el Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (Cesimar-Cenpat), señaló que durante esta temporada se registró una mortalidad superior a la habitual. Uno de los aspectos que más preocupa es el cambio en el perfil de los animales afectados: primero se observaron numerosas muertes de ballenatos y, posteriormente, comenzaron a aparecer ejemplares de mayor tamaño.
Los investigadores analizan dos posibles causas, que podrían corresponder a fenómenos diferentes.
En el caso de las crías, los análisis preliminares detectaron la presencia de la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, vinculada con la erisipela, una enfermedad que puede provocar infecciones graves y septicemia. Sin embargo, los especialistas advierten que todavía se necesitan estudios complementarios para establecer con precisión su papel en los fallecimientos.
En cuanto a los ejemplares juveniles y adultos encontrados recientemente, una de las principales hipótesis apunta a la marea roja, un fenómeno asociado con la proliferación de determinadas microalgas que pueden producir toxinas.
Durante octubre, las ballenas comienzan a alimentarse en los golfos antes de iniciar sus desplazamientos hacia otras áreas del Atlántico Sur. Al filtrar grandes cantidades de agua para capturar su alimento, pueden ingerir organismos que contienen sustancias tóxicas.
Los científicos recuerdan que existen antecedentes en la región. En 2022 se registró la muerte de 30 ballenas adultas y juveniles en el Golfo Nuevo, un episodio que coincidió con la presencia de biotoxinas marinas. En 2024 también se produjo una mortandad importante, con 71 ejemplares muertos, entre ellos adultos y crías.
Pese a estos antecedentes, todavía no se confirmó que la marea roja sea la responsable de los casos registrados durante 2026.
Ante la sucesión de hallazgos, distintos organismos provinciales y equipos especializados intensificaron las tareas de vigilancia y análisis.
El operativo involucra a la Red de Fauna Costera, el Plan de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, la Secretaría de Ambiente y el Ministerio de Turismo de Chubut, junto con los municipios de Puerto Madryn y Puerto Pirámides.
Los investigadores realizan necropsias y recolectan muestras biológicas para efectuar estudios científicos y microbiológicos. Además, se prevé incorporar progresivamente muestras de agua y moluscos de los golfos Nuevo y San José para evaluar las condiciones ambientales y buscar posibles indicios de toxinas.
Los resultados podrían demorar varias semanas, especialmente cuando los cuerpos se encuentran en avanzado estado de descomposición, lo que dificulta la obtención de muestras adecuadas.
La temporada de presencia de ballenas en la región se extiende hasta noviembre, por lo que el balance definitivo de animales muertos todavía permanece abierto.
El relevamiento aéreo realizado el 6 de septiembre por investigadores del Cesimar-Conicet contabilizó 1.375 ballenas francas australes, entre ellas 409 crías. En 2025 se habían registrado 2.110 ejemplares.
Los especialistas advierten que ambos censos no son directamente comparables, por lo que las cifras deben interpretarse con cautela. Sin embargo, el número de nacimientos resulta fundamental para evaluar qué proporción de ballenatos murió durante la temporada.
La ballena franca austral llega cada año a los golfos de Chubut para reproducirse, parir y criar a sus pequeños en aguas relativamente protegidas. La región constituye uno de los principales sitios de reproducción de la especie y es fundamental para su conservación.
Mientras avanzan las investigaciones, las autoridades solicitaron a vecinos y turistas que no se acerquen a las ballenas varadas, tanto vivas como muertas, y que eviten tocarlas.
También recomendaron impedir que las mascotas entren en contacto con los animales y respetar los perímetros de seguridad establecidos durante las tareas de retiro y limpieza de las playas.
La remoción de los cuerpos responde a protocolos sanitarios y de prevención destinados a resguardar a la población.
La mortandad representa una preocupación ambiental y científica para Chubut, una provincia cuya identidad y actividad turística están estrechamente vinculadas con la presencia de estos cetáceos. Mientras se esperan nuevos resultados de laboratorio, los especialistas buscan determinar si se trata de dos episodios independientes o si existen factores ambientales adicionales que estén influyendo en la supervivencia de las ballenas.
Por ahora, la principal certeza es que la temporada 2026 presenta un escenario excepcional y que todavía no se conoce la magnitud final de la mortandad.