Actualidad I24 13 de octubre de 2026

Los biocombustibles impulsan la demanda mundial de soja y maíz y transforman el mercado de granos

La expansión del bioetanol y el biodiésel en Estados Unidos y Brasil está modificando el comercio internacional de productos agrícolas. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advierte que el precio de la energía gana cada vez más influencia sobre las cotizaciones de los granos.

Los biocombustibles se consolidan como un nuevo motor de demanda para la soja y el maíz, en un escenario internacional en el que la energía adquiere un papel cada vez más importante en los mercados agrícolas. Así lo señala un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado por Matías Contardi y Emilce Terré, que analiza cómo el crecimiento de esta industria está modificando la dinámica comercial de los principales productores mundiales.

El desarrollo del bioetanol y el biodiésel, impulsado por políticas de promoción y regulaciones que establecen porcentajes obligatorios de mezcla con combustibles tradicionales, incrementó la utilización de materias primas agrícolas para la producción energética. Esta tendencia, que se profundizó desde comienzos de los años 2000, tiene como protagonistas a Estados Unidos y Brasil.

De acuerdo con las estimaciones citadas en el informe, el volumen mundial de maíz destinado a la producción de bioetanol pasó de 22 millones de toneladas en el año 2000 a 144 millones en 2010. Para 2026, se proyecta que esa cifra alcance los 205 millones de toneladas.

En el caso del biodiésel, la evolución también resulta significativa. Las proyecciones indican que durante 2026 se utilizará el equivalente a 89 millones de toneladas de soja para obtener el aceite destinado a este combustible, lo que representa aproximadamente el 24% del consumo mundial de la oleaginosa.

Estados Unidos y Brasil concentran una parte sustancial de esta actividad. Entre ambos países representan el 79% de la producción mundial de bioetanol y el 73% de su consumo. También tienen un papel destacado en el mercado del biodiésel elaborado a partir de aceite de soja.

En Estados Unidos, cerca de 150 millones de toneladas de maíz se destinan anualmente a producir bioetanol, un volumen que supera las dos quintas partes del consumo interno del cereal. En Brasil, por su parte, el uso de maíz para este fin creció aceleradamente y se estima que llegará a 21 millones de toneladas en 2026.

El informe de la BCR destaca que la relación entre energía y producción agrícola ya no se limita al costo del combustible utilizado en las tareas rurales y el transporte. El encarecimiento del petróleo también puede impulsar la demanda de biocombustibles y, por esa vía, incrementar la competencia por las materias primas.

Durante 2026, las tensiones geopolíticas y las interrupciones del comercio internacional contribuyeron a elevar los precios de la energía. En ese contexto, el aceite de soja en Chicago registró importantes subas, mientras que las cotizaciones internacionales de los granos también alcanzaron niveles elevados.

Sin embargo, el impacto no fue uniforme. El aceite de soja argentino mostró aumentos menos intensos que los registrados en el mercado estadounidense, donde una proporción creciente de la producción se destina a la elaboración de biocombustibles.

Según el análisis, esta diferencia refleja un cambio estructural: mientras Estados Unidos incrementa su demanda industrial de aceite de soja, Argentina mantiene una orientación exportadora mucho más marcada para ese producto.

La expansión de los biocombustibles está generando diferencias entre los principales países productores y exportadores. Cuando una parte importante de la cosecha se destina al mercado energético interno, disminuye el volumen potencialmente disponible para la exportación y aumenta la competencia entre los distintos usos del grano.

El fenómeno también se observa en Brasil, donde el crecimiento del etanol elaborado a partir de maíz fortalece la demanda local y puede reducir la competitividad de sus exportaciones frente a otros proveedores internacionales.

No obstante, el informe advierte que estas diferencias no implican una separación absoluta de los mercados, ya que los precios internacionales continúan vinculados y tienden a ajustarse entre sí.

Las conclusiones del estudio apuntan a que los biocombustibles se convirtieron en una variable estratégica para comprender la evolución de los mercados agrícolas. A partir de ahora, los cambios en los precios del petróleo pueden repercutir sobre los granos tanto por el aumento de los costos productivos como por el crecimiento de la demanda energética.

Este escenario plantea nuevos desafíos y oportunidades para países exportadores como Argentina, cuya participación en el comercio internacional de soja y maíz está estrechamente vinculada con la evolución de los precios globales y la demanda de sus principales compradores.

La consolidación de los biocombustibles, en definitiva, refuerza el vínculo entre el sector agropecuario y el energético, dos actividades que tendrán una influencia creciente en la formación de precios y en el rumbo del comercio mundial.